Joan Josep Pallàs / BARCELONA
17/11/05 03:00 h.Después de 75 años de Liga, pocos secretos le quedan ya a los Real Madrid-Barça (y viceversa). Futbolistas y directivos pasan, pero las batallas dialécticas que genera todo clásico se reproducen casi de forma idéntica temporada tras temporada. La historia dice que el bando más interesado en generar polémica es el que no confía suficientemente en sus fuerzas, justo lo que le sucede ahora al Madrid, situado a un solo punto de su eterno rival pero dotado de un fútbol menor, conclusión que comparten la mayoría de especialistas geográficamente imparciales, esto es, los que no trabajan ni en Madrid ni en Barcelona.
La estrategia para tapar ese dominio culé es clara: todo vale para crear un ambiente de crispación que convierta el Bernabéu en algo más que una olla a presión que intimide al adversario y condicione su juego. Y toda campaña es bienvenida si sirve para olvidar que el otro equipo es mejor. Para ilustrar este segundo apartado sirve como ejemplo la cantinela lanzada intermitentemente desde la capital que habla, sin rubor, de persecución arbitral en contra, algo así como afirmar que la tierra no es redonda para quienes conocen mínimamente el percal.
Además del recurrente tema arbitral, desde Madrid se han abierto dos frentes de acción contra dos nombres propios barcelonistas: Samuel Eto'o y Leo Messi, lógicamente dos futbolistas que meten miedo. Con el primero se les está yendo la mano a la hora de excitar al personal. Ha faltado tiempo en la mayoría de medios (y no sólo los declaradamente afines al madridismo) para recordar la desafortunada frase del camerunés en pleno delirio de celebración liguera (“¡Madrid, cabrón, saluda al campeón!”). Se pretende con ello lograr que todo aquel que acuda a Chamartín visualice aquella imagen y se encienda antes de llegar. Las disculpas que ofreció el delantero el día después se obvian o se añaden con la boca pequeña. Y se acompaña un factor perverso en este caso: la equiparación de lo que hizo Eto'o con el Madrid con lo que hizo Figo con el Barça. Porque mientras el primero se fue del Madrid porque no le quisieron y decidió buscarse la vida; el segundo juró fidelidad al Barça besando una camiseta azulgrana y a los tres días se presentó con una blanca al lado de Florentino. El portugués, por cierto, nunca pidió disculpas. El análisis que se echa en falta es éste: nadie obligaba a los blancos a traspasar a Eto'o al Barça. Pero firmaron y vendieron.
Después está Messi, un jugador de 18 años perseguido por ser un crack. Vive en Barcelona desde los 13, jugó como asimilado en categorías inferiores, tiene ficha de juvenil y encima está nacionalizado. Con todo, no le quieren ver jugar. La razón: es tan bueno que les causa pavor y, visto que en el campo nadie le frena, prueban con armas burocráticas nada futboleras para hacerlo.
Ante tal panorama, el madridismo sólo se mira a sí mismo para ver el parte médico de Ronaldo, exponiendo su tremenda dependencia del crack. En fin, cualquier Madrid-Barça al que se tome la temperatura da fiebre alta pero a éste le quieren descontrolar el mercurio.
Tomado de Aqui