¡¡¡Jueeee, tres mil!!! Lo felicito, don Rambo, qué perseverancia; no todo el mundo puede ser un buen coleccionista, porque hacen falta disciplina, constancia, muuuucho amor a los objetos que recolecta... y ¡también mucha fuerza de persuasión para convencer a su esposa de que no se los bote!
Esa idea de la oficina es genial, porque así no tiene que guardar las colecciones en cajas (se estropean, me imagino), sino que las puede exhibir, sobre todo las de tarjetas, billetes, monedas y estampillas, porque son colecciones muy buenas.