En el 2010 el tucán que adorna el billete de ¢5.000 pasará a la historia. Igual suerte correrán los personajes que aparecen en el anverso de los actuales billetes de ¢1.000, ¢2.000 y ¢10.000.
Esas denominaciones también cambiarán de color y otros próceres (cuya elección hará el Banco Central) acompañarán las billeteras de los costarricenses. Además, se incluirán los nuevos billetes de ¢20.000 y ¢50.000.
Los papeles de ¢1.000 tendrán como motivo el bosque tropical seco y mantendrán el color rojo; los de ¢2.000 resaltarán los arrecifes de coral en azul; los de ¢5.000 llevarán impreso un manglar en amarillo, los de ¢10.000 el bosque tropical húmedo y serán verdes; los futuros de ¢20.000 tendrán un páramo en anaranjado y los de ¢50.000 el bosque tropical nuboso en morado.
Para los nuevos diseños, el Banco Central abrirá un concurso en junio entre empresas del ramo.
Al fuego. Con la llegada de los nuevos billetes, los viejos serán destruidos por el fuego. Para recoger los, el Banco Central tendrá seis meses de plazo.
Actualmente hay 84 millones de billetes en circulación. Juntos suman ¢455.000 millones. Los que más se emiten son los de ¢10.000, de los cuales hay 32,1 millones.
“Cuando esté lista la nueva emisión, se hará una fuerte distribución a través de los bancos comerciales. La idea es recoger la mayor cantidad de billetes viejos sin importar su condición”, dijo Ricardo Rodríguez, director de Tesorería del Central.
Por mes, la entidad quema 1,5 millones de billetes que se encuentran en mal estado.
Tomado de la Nacion de Hoy